Cuando estudiamos el Tarot desde la numerología, especialmente los Arcanos Mayores, tarde o temprano aparece una pregunta:
¿El 21 es un 21, es un 3 o es un 2 + 1? ¿Significa esto que El Mundo comparte número con La Emperatriz?
En numerología es habitual reducir los números sumando sus cifras hasta obtener un número del 1 al 9. Así, 21 se convierte en 2 + 1 = 3. El 36 se convierte en 9; el 47, en 11 y después, según el sistema empleado, en 2; el 78 termina convirtiéndose en 15 y posteriormente en 6.
Pero ¿Qué información perdemos al hacerlo?
Diez números, seis expresiones

Alejandro Jodorowsky propone una aproximación interesante en La vía del Tarot.
Al estudiar la estructura del Tarot, observa que, si dejamos aparte El Loco como principio y El Mundo como culminación, podemos encontrar seis series de diez números: los cuatro palos (Espadas, Copas, Bastos y Oros) y dos series dentro de los Arcanos Mayores.
Los números del 1 al 10 aparecen, por tanto, repetidos en diferentes contextos.
El número 1, por ejemplo, no sería simplemente una abstracción llamada «uno». Lo encontramos en los cuatro Ases, en El Mago y en La Fuerza.
Seis manifestaciones diferentes de un mismo número.
Conviene señalar, sin embargo, que esta estructura responde al orden de los Arcanos Mayores del Tarot de Marsella, que es el sistema sobre el que Jodorowsky desarrolla su análisis. En el Rider-Waite-Smith, La Fuerza y La Justicia intercambian sus posiciones: La Fuerza pasa a ocupar el número VIII y La Justicia el XI. Por ello, esta correspondencia numérica concreta no puede aplicarse al Rider-Waite de la misma manera, aunque muchas de las ideas simbólicas sobre los números sigan siendo interesantes.
Esto lleva a Jodorowsky a una idea fundamental: los números pueden entenderse como entidades con características propias, y no necesariamente como resultados de operaciones que debamos descomponer.
Esta diferencia es importante.
Si consideramos que el número 10 es simplemente 1 + 9, podríamos intentar explicar el 10 a partir del 1 y del 9. Pero Jodorowsky compara esta manera de proceder con intentar explicar un cuerpo humano enumerando sus partes: dos brazos, dos piernas, una cabeza, un tronco…
La suma de las partes no explica necesariamente la totalidad.
Del mismo modo, el 10 puede tener una identidad simbólica propia que no desaparece porque matemáticamente podamos escribirlo como 1 + 9.
Y para comprender los números hay otro punto importante:
¿Los números son masculinos y femeninos?
Jodorowsky también cuestiona la asociación tradicional de los números impares con lo masculino, activo, luminoso y positivo, y de los pares con lo femenino, pasivo, oscuro y negativo.
En su lugar, propone hablar de actividad y receptividad, ya que estas cualidades no pertenecen exclusivamente a un género.
Esto resulta especialmente interesante en el Tarot, como vemos en la imagen anterior: el Mago, asociado al 1, es un hombre, mientras que la Fuerza, también asociada al 1, es una mujer. Del mismo modo, Espadas y Bastos pueden entenderse como activos, y Copas y Oros como receptivos.
El número, por tanto, no tiene por qué ser masculino o femenino: puede expresar una función sin convertirla en una identidad.
Una figura masculina puede ser receptiva y una femenina, activa. Así podemos trabajar con estas polaridades sin convertirlas necesariamente en una jerarquía.
¿Debemos reducir los números?
La reducción puede ser útil, pero en el Tarot hay una cuestión que debemos tener en cuenta, los Arcanos Mayores forman una secuencia, y su posición dentro de ella es importante.
Si reducimos el 18, 19, 20 y 21 a 9, 1, 2 y 3, dejamos de ver que son cuatro posiciones consecutivas dentro del recorrido de los Arcanos.
Por eso, el XXI puede reducirse a 3 para establecer una correspondencia numerológica, pero sigue siendo el XXI. La reducción puede mostrarnos una relación, pero no debería borrar el número original.
Además, no todos los números que se reducen al mismo resultado son iguales: 3, 12 y 21 dan 3, pero cada uno tiene una estructura diferente.
Una forma de conservar ambas cosas es escribirlo como 21/3: el 21 es el número compuesto y el 3, su reducción.
De este modo, por ejemplo:
el 21/3 no se leería simplemente como 3, sino como una combinación en la que el 21 aporta una cualidad propia y el 3 expresa su resultado o vibración reducida.
3 → creatividad, expresión, comunicación, expansión.
21/3 → esas cualidades del 3, pero desarrolladas a través de la estructura del 2 + 1: el 2 se relaciona con cooperación, receptividad y vínculo, mientras que el 1 aporta iniciativa e individualidad.
Además, 21 = 3 × 7, por lo que en una lectura también podría estudiarse su relación con el 7.
Relaciones entre números
También podemos observar las relaciones matemáticas que existen entre ellos, por ejemplo:
El 6 es el doble de 3.
El 9 es el triple de 3.
El 12 es el doble de 6.
El 18 es el doble de 9.
El 21 es 3 × 7.
Esto nos permite estudiar los números como parte de una estructura, sin convertirlos necesariamente en otra cosa.
pero, como señala Jodorowsky, podemos encontrar innumerables maneras de obtener un mismo resultado, así que con este método es necesario vigilar que relaciones son estructurales y cuáles estamos imponiendo nosotros.
¿Y qué ocurre con la base 10?
La reducción numerológica habitual está relacionada con nuestro sistema decimal, es decir, con una representación matemática de base 10.
Pero no todos los sistemas históricos de numeración utilizaron la base 10 como estructura principal. La tradición mesopotámica, por ejemplo, utilizó de manera fundamental un sistema sexagesimal, mientras que otras culturas emplearon estructuras diferentes.
Esto no significa que debamos concluir automáticamente que el Tarot «es de base 12» o que exista una única antigua numerología de base 12 de la que procedan todas estas prácticas. Las relaciones históricas entre numerología, astrología, calendarios, sistemas de numeración y Tarot son mucho más complejas.
Pero sí nos invita a formular una pregunta útil:
¿Por qué deberíamos asumir que todos los números del Tarot tienen que reducirse necesariamente al 1–9?
Reducir como herramienta, no como sustitución
Entonces, ¿21 es 3?
Puede ser 3 y seguir siendo 21.
La reducción puede ofrecernos una capa más de interpretación, pero no tiene por qué sustituir al número original.
En el Tarot podemos observar el número de la carta, su reducción, su posición dentro de la secuencia y sus relaciones con otros números.
Porque quizá la cuestión no sea decidir si el XXI es un 3, sino entender qué nos aporta verlo como XXI y qué nos aporta verlo como 3.
